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turismo > Tour Virtual > Palacio Pitti, Galeria Palatina (tercer itinerario)


Palacio Pitti

Es una enorme construcción de sillería cuyos bloques forman el almohadillado rústico característico inspirado en los antiguos edificios romanos. Comenzó la fábrica Lucas Fancelli en 1458, según diseño de Brunelleschi, para satisfacer la ambición desmedida de Lucas Pitti, poderoso banquero que había sido partidario de los Médicis y más tarde, envidioso de su potencia, se había convertido en uno de sus mayores enemigos llegando incluso a conspirar contra Pedro el Gotoso; la conjura fue descubierta por su joven hijo, el futuro Lorenzo el Magnífico.

Lucas Pitti no pudo llevar a cabo el palacio porque se arruinó en especulaciones bancarias. Bastante más tarde, en 1540, Cosme I compró el edificio a Bonaccorso, biznieto de Lucas, con la dote que le aportó su esposa Leonor de Toledo; al poco tiempo se trasladó a él con su corte desde el Palacio Viejo, encargando a Vasari la construcción del pasaje que une ambos palacios. El famoso jardín de Bóboli se lo debemos a Leonor de Toledo que encargó a Tribolo la transformación de esa loma, llamada Bóboli, en el estupendo jardín que adorna el palacio con su escenografía.

Al principio, el edificio constaba, en la planta baja, de tres portalones alternados a cuatro ventanas; los pisos superiores contaban siete ventanas y lo remataba una terraza panorámica; Ammannati, más arquitecto que escultor, ensanchó la fachada (1558) sin alterar el proyecto de Brunelleschi, o sea, convirtiendo los dos portalones laterales en ventanas y completando su interior con el hermoso patio renacentista. Más tarde, en 1620, Julio Parigi volvió a ampliar la fachada añadiendo tres ventanas por lado; su hijo Alfonso le confirió el aspecto actual. Entre 1764 y 1819, José Ruggeri lo completó con los llamados «rondó», esto es, las alas laterales que encierran la plaza.

Con la extinción de los Médicis, el palacio fue mansión de los Lo-rena hasta su expulsión, en 1859. Durante el período en que Florencia fue capital de Italia, de 1865 a 1871, el palacio acogió a la Corte de Savoya y a partir de 1871 fue demora privada de la familia real. Con la constitución de la República, en 1946, el Palacio y sus tesoros de arte pasaron al Estado.

La Galería Palatina y los Aposentos Reales ocupan el primer piso del Palacio. Franqueamos, pues, la puerta principal del mismo que nos recibe con el hermoso patio de Ammannati; a la derecha, bajo el pórtico se encuentra la escalera de subida. Lu colección de obras que vamos a visitar, en su mayor parte lienzos que revisten las Salas de la Galería Palatina y de los Aposentos Reales, fue comenzada en 1620 por Cosme II; sus sucesores siguieron enriqueciéndola. Tomó el nombre de Galería Palatina en ocasión de las bodas de Ana María Ludovica de Mediéis con Juan Guillermo, Elector Palatino. Los Lorena, sucesores de los Médicis, la abrieron al público en 1820 y en 1911 Víctor Manuel III la cedió al Estado.

La visita del Palacio nos ofrece, junto a la pinacoteca, una sucesión de espléndidos salones especialmente los días en que están abiertos los Aposentos Reales que son un verdadero derroche de magnificencia y suntuosidad.

Observaremos que aquí las obras de arte no respetan el orden cronológico establecido en la Galería de los Oficios; en su colocación ha dominado esencialmente el gusto decorativo que corresponde a su origen de pinacoteca de Corte.

Para facilitar la visita hemos insertado una pequeña planta; de todos modos nos ayudarán mucho a orientarnos entre estas Salas los carteles con los nombres correspondientes que en casi todas ellas se han colocado sobre las puertas.

Las modestas dimensiones de esta guía no nos permitirán citar todas las obras; dejamos al lector la satisfacción de ir descubriendo entre las no citadas, obras de belleza indiscutible y de indudable valor. Por razones de disposición de las Salas os proponemos comenzar la visita con los Aposentos Reales; del vestíbulo de entrada pasamos a la primera Sala, a modo de vestíbulo asimismo, llamada Sala de las Estatuas; figura en ella una colección de esculturas griegas y romanas y sus ventanas nos ofrecen espléndidas vistas del Jardín de Bóboli y de Belvedere.

 

Galeria Palatina

Sala de Venus. Empieza aquí una serie de espléndidos Salones cons-triudos bajo Cosme II que, como hemos dicho, comenzó la colección; veremos en ellos las mayores joyas que guarda esta pinacoteca. La bóveda de este Salón está decorada por Pedro de Cortona y Ciro Ferri (1641-42) con una escena en la que vemos a Minerva, diosa de la Sabiduría, alejando de Venus y conduciendo hacia Hércules a Cosme I, idealizado, mientras. Eros intenta detenerlo en vano. De los mismos autores de este fresco son las alegorías mitológicas que decoran las bóvedas de las Salas sucesivas hasta la de Saturno inclusive, celebrando en ellas las virtudes de Cosme I. Los medallones de estuco encierran retratos de personajes de la familia Médicis debidos a artistas romanos. Cuadros de renombre cubren las paredes; de derecha a izquierda podemos ver: el famoso Concierto atribuido antes a Giorgione y hoy considerado obra juvenil de Ticiano. Sigue el Retrato de Julio II, en una repetición de Ticiano de la obra perdida de Rafael. En la parte superior, una amplia Marina del napolitano Salvador Rosa, de quien vemos otra Marina en la pared opuesta. De Rubens figuran dos rarísimos paisajes: Ulises en la lúa de los Feacios y El retorno de los labriegos del campo. En la pared del fondo, dos obras de Ticiano: Retrato de Pedro Aretino y Retrato de dama noble, llamada La Relia, restaurado. Entre estas dos obras, Sagrada Conservación, de Pitati.

el concierto TicianoEl Concierto (Ticiano)

Paisaje de RubensPaisaje (Rubens)

Sala de Apolo. Toma su nombre de la alegoría que cubre el techo, obra de Pedro de Cortona y Ciro Ferri (1642-46) a quienes se deben también los estucos blancos y dorados de la suntuosa decoración. La alegoría representa la Exaltación de Cosme I, a quien vemos en la figura del Joven acompañado por la Virtud y la Gloria hasta el trono de Apolo; rodean la escena las figuras de Hércules, de las Ninfas y de Atlas. A la izquierda de la entrada, junto al balcón, Retrato de Carlos de Inglaterra y de Enriqueta de Francia, hija de María de Médicis; esta obra, restaurada, se considera de la escuela de Van Dyck. Encima, el Retrato de Isabel Clara Eugenia hija del Rey de España Felipe II, de Rubens. A la derecha de la puerta figura, de manera provisional, Cleopatra, de Guido Reni. Continuando hacia la derecha podemos ver la Sagrada Familia, de Andrés del Sarto, que destaca entre las demás obras por su equilibrio clásico. En la pared siguiente, la Virgen y Santos, de Rosso Florentino, pintor manierista de forma atormentada y angulosa y de color desenfocado que nos ha dejado en este licenzo su obra mejor. En la pared del fondo, un Descendimiento de Andrés del Sarto. Sigue el Retrato del Caballero de los ojos grises, de Ticiano, considerado como uno de los mejores retratos de este autor e incluso de la pintura italiana. Junto a la ventana, la exuberante Magdalena, representación femenina caracterizada por los tonos dorados y calientes propios de su autor, Ticiano.

magdalena TicianoMagdalena (Ticiano)

el caballero de los ojos grises TicianoEl caballero de los ojos grises (Ticiano)


Sala de Marte. En el techo, Alegoría de Marte, de Pedro de Cortona y Ciro Ferri (1645-47). De derecha a izquierda podemos ver el Retrato de Luis Cornaro, de Tintoretto. Sigue, de Van Dyck, el famoso pintor de Anveres (1599-1640), el célebre Retrato del Cardenal Bentivoglio, donde con tanta agudez su autor ha sabido interpretar al personaje en una finísima representación barroca. De Ticiano vemos a continuación el Retrato del Cardenal Hipólito de Mediéis, vestido a la húngara, obra de tonos bajos y fríos maravillosos. Continuamos con una obra de Rubens: Consecuencias de la guerra (1638), que alude de modo realísimo a la Europa arrasada por la Guerra de los Treinta Años. A la izquierda, Retrato masculino, del Veronés. En la pared del fondo figuran dos bellísimas obras de Murillo con el tema que lo caracteriza: La Virgen y el Niño. Junto a ellas, Los cuatro filósofos, de Rubens, obra famosísima donde el autor nos ha dejado su autorretrato en la figura en pie de la izquierda; el personaje que le sigue, sentado, es el retrato de su hermano, humanista y filósofo; a la derecha vemos a Justo Lipsio, filósofo y a su alumno Van den Wouvere, con cuello de piel, que está explicando un capítulo de Séneca. La obra ha sido restaurada.

los cuatro filosofos de RubensLos cuatro filósofos (Rubens)

la virgen y el niñoLa Virgen y el Niño (Murrillo)

Sala de Júpiter. Los frescos del techo, de Pedro de Cortona y Ciro Ferri (1643-46), ilustran la Alegoría de Júpiter. A la izquierda de la puerta, Las tres edades del hombre, de la escuela de Giorgione, primera mitad del s. XVI. Continuando hacia la derecha, la famosísima Fornarina (fig. 120), de Rafael, así llamada porque era hija de un hornero; es una obra palpitante de vida, en cuyo color suenan los ecos dorados de la pintura veneciana. La bella romana que aquí vemos fue idealizada por el artista en La Virgen de la Silla que veremos en la Sala próxima. Entre las demás obras recordamos la Batalla, del francés Jacques Courtois llamado el Borgoñón. Siguen, de Andrés del Sarto, la Asunción, obra cuya ejecución fue truncada por la muerte del artista y la Anunciación, del mismo autor, sobre la puerta. Vemos a continuación la grandiosa figura de S. Marcos, de fray Bartolomé, inspirada en los Profetas de Miguel Ángel. En la pared siguiente, Retrato de Guidobaldo de la Róvere, de Bronzino; sucesivamente, Descendimiento, de fray Bartolomé, obra de estructura piramidal; encima, Ninfas arrebatadas por Sátiros, de Rubens; por último, S. Juan Bautista, jovencito, de Andrés del Sarto, obra restaurada y junto al balcón, La Virgen del Saco, del Perusino, también restaurada. Completan la decoración del Salón magníficas mesas de mosaico florentino y la escultura conocida como la Victoria, de Consani (1867), en el centro.

Juan BaustistaJuan Bautista (A. del Sarto)

galeria palatina sala de jupiter Galeria Paletina - Sala de Jupiter


Sala de la Justicia, por el fresco alegórico, de Fedi (1830), que cubre el techo. Adornan las paredes El Salvador y Retrato de Tomás Mosti, de Ticiano, ambas restauradas, el Retrato de Dama y Caballero, de Mororti y otras obras de Tintoretto, Bassano, el Veronés y otros artistas. En el caballete Retrato de Ana María Ludovica, última de los Mediéis, de Douven.

Sala de Flora, representada en el techo por Marini (1830). En las paredes, famosos Episodios de José Hebreo, de Andrés del Sarto; Martirio de Santa Ágata, del veneciano Sebastián del Piombo y Retratos, de Bronzino. En el centro del Salón, Venus Itálica, de Canova, que tomó como modelo a Paolina Borghese, hermana de Napoleón y esposa del Príncipe Borghese.

Sala de los Amorcillos, que vemos representados en el fresco del techo, obra de Marini. La Sala guarda obras de artistas flamencos y holandeses efltre las que recordamos: Muchachita con vela, de Schalken; Pequeñas tres Gracias, de Rubens; Cacerías, Marinas, Flores y frutas, de Raquel Ruysch. Desde el ventanal se admira una estupenda vista de Florencia y de Fiésole a lo lejos.

Sala de Poccetti, artista que en 1620 decoró el techo con. los Triunfos de Fernando I de Mediéis. Entre las obras de esta Sala decordamos, próximo a la entrada, el realísimo Martirio de S. Bartolomé, de Ribera, el «Españólelo», con influencia de Caravaggio; de Rubens: Retrato de Catalina Manners. Junto a la pared, bonita mesa de mosaico florentino.

Sala de la Música, llamada también de los Tambores por la forma de sus muebles. En el techo, Liberación de Viena de los Turcos (1683), fresco en claroscuro de Luis Ademollo (1819), con conseguidos efectos ópticos. La gran mesa de malaquita rusa con pie de bronce dorado es obra del Pierre Thomire (1819).

Sala de Castagnoli. Toma el nombre del artista (1754-1832) que la decoró con claroscuros. En el centro magnífica mesa de mosaico (1815) en cuyo plano vemos el Triunfo de Apolo y las Nueve Musas; el hermoso pie de bronce, de Dupré, representa las Cuatro Estaciones.





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