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turismo > tour virtual > palacio y galeria de los oficios (primer itinerario)
Edificio manierista que encierra entre dos alas la plaza de los Oficios, larga y estrecha. Fue construido por Cosme I para instalar en él sus oficinas judiciales y administrativas; empezado por Vasari en 1559 fue terminado en 1585 por Buontalenti y Alfonso Parigi. El palacio, cerrado hacia el río, presenta peristilo con arquitrabe, de intenso ritmo y se extiende en espaciosos huecos ampliando el escenario de la Plaza de la Señoría; une el Palacio Viejo con el Amo. El Palacio de los Oficios, última creación bajo influjo de Miguel Ángel, fue inspirado por la arquitectura de la Biblioteca Laurenciana, aunque aquí la tensión plástica propria de Miguel Ángel se resuelve en un gusto lineal y decorativo. Las esculturas de las hornacinas, en los pilares a lo largo del pórtico, representan a ilustres toscanos y son obras del siglo pasado. Entre las más valiosas, la de S. Antonino, de Juan Dupré (1854) y la de Nicolás Machiavelli, de Lorenzo Bartolini (1846). En la fachada que da a la calle de la Ninna y en la planta baja del palacio se ven importantes restos de la iglesia románica de San Pedro Scheraggio, consagrada en 1068. Cuando se construyó el palacio fue incorporada a él. Dicha iglesia fue lugar de reunión de la Corporación municipal; en ella se promulgó la reforma popular de Giano de la Bella (1292) y en ella hablaron en público Dante y Boccaccio. El ala derecha de los Oficios está ocupada, en la parte anterior, por el antiguo edificio de la Casa de la Moneda del que queda sólo la planta baja. Entre este edificio y el comienzo del ala derecha del soportal se abre, bajo el arco de la calle Lambertesca, la Puerta de las Súplicas, original arquitectura de Bernardo Buontalenti rematada con un busto de Cosme I atribuido a Juan Bandini. Continuando por la calle Lambertesca se ven a la izquierda las casas de los Pulci, centro hoy de la Academia de los Georgofili, antigua institución para el fomento de las ciencias económicas y agrarias. En el Palacio de los Oficios tienen su centro actual el Archivo del lisiado y la Galería de los Oficios. El Archivo del Estado, cuya entrada se encuentra en una de las últimas puertas del soportal liquierdo, posee la colección de los documentos referentes a la historia de Florencia y de la Toscana desde sus remotos orígenes hasta la edad moderna. A estas colecciones y a la biblioteca especializada se une una sala de exposición donde pueden verse documentos y objetos de valor de la historia de Florencia y de Italia. Entre losdocumentos más famosos recordamos: el Fiorinaio o registro de las Iglesias Casa de la Moneda de Florencia; el diploma de unión de las Iglesias griega y latina; el Libro del Clavo, que contiene la condena de Dante; importantes cartas náuticas; papiros, etc. El Archivo del Estadd se trasladará dentro de poco a otro edificio más idóneo, con el fin de evitar incendios y consentir a la pinacoteca la exposición de numerosas obras de arte no visibles ahora por falta de espacio. Bajo el soportal, en el lado de Palacio Viejo y entre las estatuas del s. XIX que representan a Lorenzo el Magnífico y Cosme el Viejo, se encuentra la entrada a la Galería. Galeria de los Oficios El proyecto de instalar la Galería en el segundo piso de este hermoso palacio, ideado por Cosme I de Mediéis, fue realizado por su hijo Francisco I quien, después de haber hecho construir por Buontalenti la sala de la Tribuna para exponer en ella medallas antiguas y otras colecciones artísticas, hizo decorar el techo del primer corredor para colocar retratos y sobre todo valiosas esculturas que dieron lugar a la denominación de « Galería de las esculturas ». Ampliada con otras salas, la Galería se fue enriqueciendo con las obras traídas de Roma por Fernando I, que renunció a la dignidad cardenalicia para convertirse en Gran Duque de Toscana al morir su hermano Francisco I. Los Mediéis, señores absolutos de la ciudad y de la Toscana, al emparentar con importantes familias siguieron enriqueciendo la Galería, como hizo Fernando II tomando por esposa a Victoria de la Róvere. Más tarde, Cosme III la amplió para dar cabida en ella a las obras heredadas de su tío el Cardenal Leopoldo. Con la extinción de los Mediéis, la última de ellos, Ana Ludovica, fallecida en 1737, dispuso en el llamado « Pacto de familia » (Viena, 1737) que todos los tesoros artísticos coleccionados por la poderosa dinastía permaneciesen en nuestra ciudad para eterno deleite de los florentinos y de los que nos visitan. Gracias a este testamento se han podido recuperar muchas obras de arte perdidas o robadas durante la última guerra así como con las expoliaciones napoleónicas aunque, por desgracia, importantes obras maestras se quedaron en Francia. Los Lorena, sucesores de los Médicis, enriquecieron la Galería construyendo la hermosa sala en la que se encuentra el grupo marmóreo de « Niobe y los Nióbidas ». Con la expulsión de los Lorena (1859), la Galería pasó al Estado y se ordenó con normas museográficas. Se volvió a ordenar después de la última guerra, de manera que en ella se puede no sólo seguir el hilo de la evolución de la pintura florentina y toscana y la gran influencia que ésta .ejerció en la de las demás regiones italianas, sino también observar la gran ventaja que representó para los artistas italianos y extranjeros el conocerse mutuamente, como nos demuestra, entre otros ejemplos, la Adoración de los pastores, de Van der Goes, en la sala 14, si se compara con las obras de los artistas florentinos que se inspiraron en ella. Del mismo modo, las obras de Bellini frente a las de Dürer nos indican claramente el encanto que ejercieron los pintores venecianos en el gran artista alemán. Sala 2, dedicada a Cimabue y Giotto. La colocación de las obras permite compararlas con otras de su tiempo. En la pared derecha tenemos la famosa Virgen en el trono con Ángeles, de Cimabue, realizada alrededor de 1275, procedente de la iglesia de la Santa Trinidad. Esta obra refleja profunda influencia bizantina especialmente en el color ligero, en la luz dorada que baña las vestiduras de la Virgen, en los detalles de la composición obtenida por medio de la perspectiva del trono y la colocación gradual de los ángeles, rasgos que revelan un nuevo lenguaje, fundamento en que estriba el sucesivo desarrollo del arte florentino y que es el antecedente cultural de la pintura de Giotto. En la pared izquierda admiramos, pudiendo compararla con Cimabue, la famosa Virgen con el Niño y Angeles, procedente de la Capilla Rucellai de Santa María Nueva. Considerada durante varios siglos de Cimabue, hoy suele atribuirse o a Duccio de Buoninsegna o a un maestro entre Cimabue y Duccio, denominado « Maestro de la Virgen Rucellai ». La solemne creación, con su colorido típicamente bizantino, con las majestuosas figuras de la Virgen, de los Profetas y de los Santos conseguidos con primor de miniatura, con su hermoso marco, induce a atribuir a Duccio su paternidad. Frente a la puerta de entrada destaca el empaque señorial de la Virgen en el trono con Ángeles y Santos (fig. 17), de Giotto, procedente de la Iglesia de Todos los Santos. Es una de las más solemnes creaciones del gran innovador del arte florentino e italiano y puede situarse cronológicamente entre los frescos de Asís y los de la Capilla de los Scrovegni (1303-05), de Padua. Giotto despliega en ella su potente personalidad en cuanto al espacio y a la amplitud figurativa. Mientras el color contribuye por primera vez a iluminar las figuras, profundamente humanas, el claroscuro suave y difuminatlo concurre a hacer de la gran obra, que anuncia ya el Renacimiento, un conjunto compacto, volumétrico y monumental. A la izquierda, Plíptico, tambien de Giotto, proceente de la iglesia de Badia.
Sala 9. Dedicada a los hermanos Pollaiolo y a las obras juveniles de Sandro Filipepi, llamado Botticelli. A la derecha de la entrada, Tres Virtudes, de Pedro del Pollaiuolo; se observa, en el envés de la primera, el enérgico dibujo de la Caridad, de Antonio Pollaiuolo, gran escultor y orfebre de la segunda mitad del s. XV. Del mismo, las otras tres Virtudes de la pared siguiente, junto a la Fortaleza, de Botticelli, realizadas en ocasión de un concurso para el decorado del Tribunal de la Mercancía. La comparación de estas obras permite observar que los dos artistas, con una línea común vibrante y generadora a un tiempo de volúmenes, llegaron a resultados diversos. De Botticelli admiramos, en el caballete, la pequeña Judith con la esclava presentando la cabeza de Olofernes que muestra, en el envés, Olofernes muerto en su tienda. En la pared, con otras obras de la juventud de Botticelli, vemos el Retrato de desconocido con la medalla de Cosme el Viejo, que representa, quizá, a Pedro de Mediéis. Sigue un Retrato femenino, de Antonio Pollaiuolo. Sala 10. Dedicada por entero a Botticelli. Entre la melancólica Virgen de la granada y la Virgen del Magníficat, más luminosa y musical, creación de la madurez del artista (1478) que es un típico representante de la Florencia humanística de Lorenzo el Magnífico y de Policiano, admiramos la célebre Alegoría de la Primaver. La pura imagen de Venus generadora, en el centro, domina la lírica escena que tiene lugar en un fresco y verde bosque. A la derecha, las figuras de la Primavera, esparciendo rosas y la de Flora, seguida de Céfiro. En el grupo de la izquierda las famosas tres Gracias que, envueltas en trasparentes velos, mueven los pasos de una dan/a mientras Cupido, vendado, se dispone a herirlas con sus flechas y Mercurio disuelve la última niebla matutina. En la pared sucesiva, Nacimiento de Venus, que el artista pintó sobre lien» (alred. 1486), idealizando en ella a la bella y frágil Simonetta, la joven amada por Julián, hermano de Lorenzo el Magnífico. Es una creación rítmica de suave colorido y tonos fríos como son los de un amanecer marino. Ambas obras se inspiran en los versos de Policiano.
Sala 18, de la « Tribuna »; fue construida por Buontalenti (1585-89) y decorada con conchas por Poccetti. En el centro, la famosa Venus de los Médicis, copia romana de un original helenístico de finales del s. IV a.C., procedente de la Villa Adriana de Roma. Las demás esculturas, copias romanas asimismo de ejemplares helenísticos, representan: el Afilador, los Luchadores y el Fauno danzando. En la hornacina de la Tribuna, bargueño de ébano taraceado con mosaico florentino. En las paredes, espléndidos retratos de los Mediéis, entre los más importantes, Cosme el Viejo, de Pontormo (fig. 38); Lorenzo el Magnífico, de Vasari; Lucrecia y Bartolomé Panciatichi, de Bronzino, refinado retratista de quien vemos también expuestos, Cosme I, su esposa Leonora de Toledo con su hijo Juan; del mismo artista son los retratos de los hijos de Cosme y Eleonora, Don García e Isabel. Por último recordamos el gracioso Ángel músico, de Rosso Fiorentino. Sala 19. Dedicada al Pemsino y otros artistas de su ambiente. Del Perusino, dos Retratos de monjes de Vallombrosa, de cálido claroscuro denso de espiritualidad; el célebre Jovencito, retrato, según se cree, de Alejandro Braccesi y el Descendimiento, con amplio paisaje umbro, expuesto en la pared del fondo. De Francisco Francia, discípulo del Perusino, Retrato de Evangelista Scappi; de Lorenzo Costa, Retrato de Juan II Bentivoglio y el pequeño San Sebastián. Vemos también aquí dos tablas de Melozzo de Forll, con la Anunciación - obra en cuyo dorso pueden verse fragmentos de S. Benedicto — y S. Juan Bautista. Sala 20. De Dürer y de la pintura alemana. Aquí expuestos, Adán y Eva, de Lucas Cranach, con influencia de Dürer. A la derecha, del mismo autor, Retratos de Martín Lutero y de su esposa Catalina Bore y un hermoso Autorretrato. En las paredes siguientes, retratos de Lulero, Melanchton, Juan I y Federico II, electores de Sajonia, obras también de Cranach y el retrato de Fernando de Castilla, de Hans Maler (s. XVI). Del gran pintor y grabador alemán Albrecht Dürer, que pasó largas temporadas en Italia y admiró el encanto de la pintura veneciana, tenemos aquí Virgen con el Niño, el Retrato del padre (1490) y la famosa Adoración de los Magos (1504), Entre otras obras admiramos un Santo Domingo, del fantástico maestro iniciador de la escuela ferraresa Cosme Tura y las copias del s. XVI de Adán y Eva, de Dürer, cuyo original se conserva en el Prado de Madrid. En las paredes, paneles con Historias de S. Pedro y S. Pablo; Paisaje, de Hans Breughel, obra llamada « de los terciopelos », en cuyo envés figuraba el Calvario, sacado de los grabados de Dürer. En el techo de la sala, las plazas de la Señoría, de S. María Nueva y de la Santa Cruz, sin la fachada actual. Sala 21. Dedicada a Juan Bellini, a su discípulo Giorgione y a otros artistas de su ambiente. De Juan Bellini admiramos aquí la famosa Alegoría del Purgatorio, inspirada en un poema francés del s. XIV, así como una dolorosa Piedad en claroscuro, de 1490 aprox. Aunque en esta obra falta el elemento fundamental de la pintura de Bellini, el color, puede observarse de todos modo, a través del efecto luminoso y plateado de la « grisaille », la sensibilidad tonal de su arte. Siguen el Apóstol S. Felipe y Santiago el Mayor, obras de la madurez de Dürer quien, en contacto con Bellini durante su estancia en Venecia, enriqueció su personalidad de gran artista. De Cima de Conegliano, de la escuela de Bellini, figura aquí una Virgen con el Niño, de colorido claro y trasparente. De Giorgione admiramos el Juicio de Salomón y Moisés niño ante el Faraón, obras delicadísimas que denotan un agudo espíritu de observación del paisaje. Interesante es el tapiz con Descendimiento, de Nicolás Karcher (1549-1553), según cartón de Francisco Salviati. En la sala siguiente se exponen otros tapices de los mismos autores representando la Ascensióny Ecce Homo. En el techo, sobre el tapiz, se puede ver el fresco que representa las ruinas de la guerra en los alrededores del Puente Viejo (1944), obra realizada por los restauradores después de la liberación de la ciudad. Sala 22. Dedicada a las obras de los pintores flamencos y alemanes. Se exponen, junto a las delicadas obras del maestro flamenco Gerard David, tablas de Altdorfer, pintor alemán, como la Despediday Martirio de San Florián; sigue el Retrato de Sir Richard Southwell, de Hans Holbein el Joven, realizado durante su estancia en Inglaterra. Otras obras de maestros flamencos y holandeses de la primera mitad del s. XVI completan la sala. Sala 23. De Antonio Allegri llamado Correggio, artista que une ecos de Mantegna a una fina sensibilización del difuminado de Leonardo. Entre sus obras aquí expuestas, la célebre Virgen adorando al Niño. En la pared de enfrente, trabajos de los flamencos Ucrnaert van Orley, Quentin Massys, Jóos van Cleve. En las demás psredes, obras de los continuadores de la escuela de Leonardo, entre ellos Luini, Antonio Bazzi llamado Sodoma y una copia antigua de la Virgen con el Niño de la obra original de Leonardo conservada en el Louvre. Sala 25. Dedicada a Miguel Ángel, Rafael y otros artistas de su tiempo. Con las obras expuestas podemos formarnos un concepto claro del arte de los dos mayores maestros del Renacimiento: Rafael Sanzío, que resume en sí los problemas pictóricos de su tiempo a los que abre nuevas soluciones y Miguel Ángel Buonarroti, que con una sola obra inicia una « manera » que dará frutos durante todo el siglo. Podemos empezar por una obra juvenil de Rafael, el Retrato de Francisco M. de la Róvere, expuesto junto al ventenal. Sigue el Autorretrato del artista y la Virgen del jilguero, con hermoso paisaje umbro, trabajo del período florentino (aprox. 1507). Se admira también el Retrato del Papa León X, obra famosísima de 1519, donde el Papa aparece entre dos Cardenales, Julio (su primo, más tarde Clemente VII) a la izquierda y Luis de Rossi, secretario de ambos, a la derecha. Sigue el Retrato del Papa Julio II, espléndida copia antigua. En la pared siguiente, entre dos obras de Bronzino, admiramos el célebre « redondo » de la Sagrada Familiade Miguel Ángel, realizado para las bodas de Ángel Doni y Magdalena Strozzi (1504-1505). Obra valiosa y rarísima por su movimiento en espiral y por su fondo originalísimo donde, en un paisaje apenas bosquejado, el genio titánico del artista concibió poderosas figuras atléticas, plásticos desnudos, que ya anuncian los frescos de la Sixtina. El grupo escultural del primer plano confiere a la obra potente dramatismo. La encuadra un marco estupendo con escudos de los Doni, ideado por el mismo Miguel Ángel y realizado por el tallista Domingo del Tasso. Entre las demás obras de la sala, la Visitación, de Albertinelli (1503), realizada quizá cuando era amigo y colaborador de Fray Bartolomé. Obra amplia y solemne, profundamente humana, que influyó en Rafael durante su estancia en Florencia. En la pared a la izquierda de la puerta: José presentando su padre y hermanos al Faraón, de Granacci; Retraía del Perusino, atribuido a Rafael. En la parte inferior, pie de retablo con Anunciación, Natividad y Presentación en el templo, de Albertinelli. Sala 26. De Andrés de Agnolo, llamado del Sarto (sastre) por la profesión de su padre. Entre otras obras de este artista vemos aquí la Virgen de las Arpías, de 1517, así llamada por las pequeñas arpías que adornan el pedestal sobre el que descansa la Virgen. Creación de suave claroscuro y de armoniosa composición figurativa. La sala guarda también obras de Rosso Fiorentino y de otros manieristas así llamados porque siguieron la « manera » de los grandes maestros sobre todo de Miguel Ángel. Figuran asimismo en esta sala obras del español Berruguete, que estuvo en Italia estudiando la corriente sobredicha. En los caballetes se exponen, provisionalmente, otras obras de Andrés del Sarto partenecientes a retablos de altar. Sala 27. De Pontormo. Jacobo Carrucci, nacido en Pontorme, cerca de Émpoli, en 1494, discípulo de Pedro de Cosimo y de Andrés del Sarto. Influido por Miguel Ángel y por los grabados de Dürer es un artista complejo, creador de obras inquietas y atormentadas, como podemos ver en su célebre Cena de Emaús. Entre las demás obras de esta sala recordamos el pie de retablo con Historias de S. Acacio, del florentino Francisco Ubertini llamado Bacchiacca, dibujante genial de cartones para tapices y el Retrato de Pedro Carnesecchi, de Fuligo. El senes Beccafumi está asimismo representado dignamente en esta sala.
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