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Turismo > Tour Virtual > Plaza e Iglesia de la Santa Cruz (cuarto itinerario)
Al llegar a esta plaza nos llama la atención a la izquierda, haciendo esquina con la calle Verdi, el bonito palacio Serristori, antes Cocchi, con sus salientes laterales apoyados en modillones; la obra es de Baccio de Agnolo que lo levantó hacia 1520; actualmente está transformado en escuela. Frente a él, en la acera de la explanada central, una graciosa fuente del s. XVI, donde los arrieros solían abrevar sus cabalgaduras.
Se cree que fue comenzada en 1294 según un diseño de Arnolfo, en sustitución de una antigua Iglesia. Su mediocre fachada, de Nicolás Matas (1845-63) contrasta con la sencillez y austeridad del templo. La decoran esculturas de Juan Dupré: una «Madonna», por encima del portalón central y el Triunfo de la Cruz, en el luneto; en el portalón derecho, la Visión de Constantino, de Zocchi. en el luneto; en el portalón izquierdo, el Hallazgo de la Cruz, de Tito Sarrocchi. El campanario de moderadas líneas góticas, en piedra arenisca, es de Baccani (1874). Un hermoso claustro del s. XIV recorre el flanco izquierdo de la Iglesia; es del mismo estilo que el que recorre el flanco derecho, visible desde los claustros interiores.
Interior. La planta es de cruz egipcia, o sea, en forma de T; longitud: 115,43 m., anchura: 38,23 m., anchura en el crucero: 73 m. Es un templo sencillo y amplio para acoger a la población del populoso barrio. Los pilares octogonales de piedra amarilla, sencilios y sólidos, prolongados por altísimas parástades, sostienen un bonito techo con armazón de tijera. Las sencillas capillas del crucero acentúan la verticalidad de la amplia nave central; el efecto pictórico se extiende a Jas naves laterales mediante la sucesión de arcos transversales que sostienen, en cada sección lateral, la bella bóveda con techo de vertiente. Al principio, las paredes laterales estaban revestidas de frescos de los pintores más famosos del s. XIV. Pero cuando Cosme I se convirtió en señor absoluto de la ciudad, insensible a las glorias del pasado mandó cubrir los frescos y encargó a Vasari la realización de los altares, bastante recargados, que hoy en día encierran pinturas del s. XVIII, en contraste con la severa armonía del templo. Con todos estos cambios se perdieron casi todos los frescos; algunos fragmentos se conservan en el Museo del Claustro. Antes de que la Iglesia se declarase Panteón de las glorias nacionales, muchas familias patricias elegían su sepultura en ella, llegando así a doscientas ochenta tumbas. Causa profunda impresión ir pisando estos suelos cubiertos de losas sepulcrales mientra a los lados las inscripciones de los monumentos fúnebres nos hablan de tantos italianos cuyo nombre sigue vivo en todos los campos de la cultura. Hoy en día reciben sepultura en esta Iglesia sólo los grandes italianos; el último entre ellos el escolapio Barsanti, inventor del motor de explosión,
Nave central. En la tercera columna, el famoso pulpito de Benedicto de Maiano (1472-76), con paneles en relieve inspirados en los de la puerta de Ghiberti; representan Episodios de la vida de S. Francisco. En la parte inferior, las Virtudes Cardinales.
Nave derecha. En la Tumba de Miguel Ángel, de Vasari (1570), las figuras de la Pintura, Escultura y Arquitectura son de Lorenzo, Cioli y Juan de la Opera (s. XVI); el busto del Artista se ha sacado de la mascarilla fúnebre. Enfrente, en el fuste de la primera columna, La Virgen con el Niño, llamada también Virgen de la Leche, bajorrelieve de gran delicadeza de Antonio Rossellino (1578). Entre el segundo altar y el tercero, Cenotafio de Dante, que murió en Ravena donde descansa, de Estezan Ricci (1829); entre el tercer altar y el cuarto, Monumento a Victoria Alfieri, de Canova (1810), de estilo neoclásico; entre el cuarto y el quinto, Tumba de Nicolás Machiavelli, de Inocencio Spinazzi (1787), con la figura alegórica de la Diplomacia y en el medallón, el Retrato de Machiavelli. Pasado el sepulcro del historiador de Arte Luis Lanzi, el famoso Tabernáculo de Donatello, de piedra serena dorada, con la estupenda Anunciación adornada en el remate por Angeles de terracota. A continuación la Tumba de Leonardo Bruñí, humanista y canciller de la República florentina, de Bernardo Rossellino, que supo dar tal armonía y serenidad a la composición que esta obra se convirtió en el prototipo de tumba renacentista. Sigue la Tumba de Joaquín Rossini, que falleció en París y recibió sepultura en esta Iglesia en 1866. Por último, de Berti (1936), estatua a Hugo Foseólo, que en su poema de los «Sepolcri» cantó las glorias de «Santa Croce» y descansa en el suelo, como indica la inscripción.
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